Lo único que me gusta de las navidades es que la gente que vive fuera vuelve de vacaciones y, gracias a eso, de vez en cuando podemos revivir viejos tiempos. Este año en concreto le han tocado 3 partiditas al Dune, que como sabéis ya algunos es uno de esos juegos en los que me gané cierto simpático sobrenombre...
El caso es que después de la edición de REX (del que hable muy muy brevemente en la Playlist de septiembre), las comparaciones son inevitables... y será por costumbre o será por nostalgia, pero creo que Dune gana por goleada. Eso no hace que REX deje de ser un gran juego de puteo y faroleo, pero al lado de su "padre", da la sensación de que le falta algo.
Dicho esto, vamos a comparar cosas:
En primer lugar, en REX aparece especia en dos lugares del tablero cada turno. Creo que eso era una "Living rule" que también se aplicaba en el Dune (sacando 2 cartas en lugar de 1), pero nosotros nunca la hemos usado.
El caso es que con tanta especia rulando por el tablero no es difícil acabar recolectando aquí o allá, y por lo tanto la sensación de agobio era mucho menor. En el Dune los territorios con especia los luchamos a muerte y son siempre fuente de conflicto. La especia extiende la vida; la especia expande la consciencia; la especia es vital en los viajes espaciales... ¡Conseguirla no puede ser tarea fácil!
Por otro lado, el bombardeo y la tormenta no son exactamente lo mismo; quizás en el Dune era más lioso, pero el hecho de que en un territorio hubiese varios sectores afectados o no por la tormenta era un elemento muy a tener en cuenta a la hora de descargar tropas o moverte.
Además, cambia el efecto de algunas cartas como las Family Atomics; ahora sólo revientas el escudo de 1 territorio, mientras que antes liabas el taco bien liado como te cargases la Muralla Escudo. Es más, grandes movimientos faroleros se han visto por esa muralla, que han llevado a los habitantes de Carthag y Arraken a correr desesperadamente por el desierto.
Y el elemento que me parece más polémico, las cartas de super traición, que te permiten robarle la victoria a tus aliados (sólo cuando ganas en alianza) si cumples una condición concreta. Sobre el papel suena de maravilla, pero en la práctica, la paranoia aumenta hasta límites insospechados y al final las alianzas no sirven para nada.
Esta paranoia desmesurada mola en el Galáctica, pero no aquí: si ves que uno de tus aliados cumple una de las condiciones de las cartas, te suicidas. Antes de ganar y que te acaban mangando tu victoria vilmente; que gane la alianza enemiga. ¡Mejor una victoria del enemigo que de un puerco traidor!
Y por último, el tema, claro. El sistema de reglas de Dune es bueno, pero el tema es buena parte del juego. Cada casa está pensada expresamente, y funciona de forma muy acorde a como lo hace en el universo de Frank Herbert. Y quieras que no, no es lo mismo llevar a las Bene Gesserit que a las tortugas esas del REX. Con el tema también va el tablero, cuya distribución me gusta mucho más en el Dune.
Resumiendo, esto que habéis leído es la opinión de un fan del Dune, al que he jugado muchas veces en muy buena compañía, y estas son las impresiones que me quedaron después de jugar a REX. Como ya he dicho antes, esto no quiere decir que REX sea mal juego. De hecho, yo no me negaría a una partida, y toda la gente con la que he jugado ha salido con buenas impresiones... pero ninguno de ellos había jugado mucho a Dune con anterioridad. Si habéis tenido ocasión de disfrutar del juego anterior, y además sois fans de la novela de Frank Herbert, Dune tiene un encanto particular que no tiene REX, y que se echa de menos mientras juegas.
Un saludo!







