Como bien sabemos todos, mañana se acaba el mundo, así que me ha parecido una buena ocasión para hablar un poco sobre el tema de los mayas, el calendario, y la madre que los parió a todos. Y claro, para eso, nada mejor que profundizar un poco más en el tema (pegado) de uno de los grandes hits del último Essen: Tzolk'in.
La Historia...
Siendo sinceros, la verdad es que no tengo mucha idea sobre el tema. Desgraciadamente mi linda carrera está enfocada a la historia del mundo occidental más que a otra cosa (cosas de que nos creamos el culo del mundo desde hace muchos siglos), por lo que las asignaturas sobre culturas precolombinas u orientales son casi inexistentes. En tercero teníamos una Historia Moderna de América, en la que una profesora medio retrasada pasó todo lo deprisa que pudo por mayas, incas y aztecas para llegar cuanto antes a época colonial. En resumen, que lo que escribo aquí es fruto de investigar un poco vía web, así que lo mismo es un mojón sin mucho parecido a la realidad.
Y ahora que os he dado ganas de seguir leyendo, vamos al turrón.
Para empezar, la ilustración del calendario que hay en la rueda central no es maya, sino azteca; toma castaña.
Se conoce como la Piedra del Sol, y fue encontrada en 1790 en México D.F. Su funcionalidad no está del todo clara, pero según he leído aquí y allá más que un calendario es una representación del universo y las eras por las que ha pasado. O también puede ser un Stargate, claro.
Imaginaos un círculo con los siglos en el centro, y los años, meses y días alrededor en círculos concéntricos. Queda una cosa muy bonita, sí, pero no es lo que llamamos un calendario, ya que no está pensado para saber en qué día estás.
Hay que decir que el calendario azteca (el Tonalpohualli) es equivalente al calendario Tzolk'in maya, pero aún así el ñosco este de maya no tiene nada.
Aparte de esto, aztecas y mayas tampoco
coinciden en el tiempo.
Sobre el calendario maya, es mejor hablar de calendarios, en plural, ya que tenían unos cuantos. En primer lugar, el Tzolk'in, de 260 días, y por otro lado el Haab, que es un calendario solar. Al combinar los dos, sale una cosa tal que así.
Las ruedecitas dichosas no coincidían en la misma posición hasta pasados 52 años.
Además de este fregado, los mayas contaban también con un calendario para medir el tiempo a largo plazo, igual que nosotros medimos en base a la era cristiana. Es decir, más que un calendario, una forma de medir el tiempo histórico. La única diferencia es que esta era está formada por períodos de unos 5200 años. Y precisamente, ese ciclo de más de 5 milenios se acaba justo hoy.
De aquí sale toda la gresca del fin del mundo y demás, pero realmente los mayas nunca predijeron el fin del mundo ni nada por el estilo. Simplemente se acaba un ciclo y empieza otro. Este año precisamente se encontró una representación del calendario en Xultún en la que el mundo se extendía más allá de la fatídica fecha. Digamos que más que acabarse el calendario, se pone otra vez a cero, como el cuentakilómetros del coche cuando le has dado más guerra que a un Dominion sin enfundar.
En fin, que todo el rollo del fin del mundo no son más que tontadas y paparruchas varias para sacarle dinero a la gente. Cómo se suele decir, "El milenarismo va a llegaaaaar..."
El juego...
Realmente hoy tengo poco que decir sobre el tema, porque el tema está pegado al más puro estilo Knizia. En ningún momento te sientes maya, ni jugando con el calendario: Tzolk'in es un juego de colocar trabajadores con una pequeña vuelta de tuerca (chistaco, otra vez ;-).
Por mencionar algo, el juego son 26 rondas, lo cuál encaja con los 260 días que tenía el calendario Tzolk'in. Por otro lado, es cierto que el Tzolk'in era un calendario relacionado con aspectos religiosos, lo cuál queda reflejado en el juego con las puntuaciones de los templos.
Ah sí, y comían maíz, mucho maíz. Tanto que en el juego podemos hasta pescarlo... ;-)
Por lo demás, pegado hasta la saciedad.
En definitiva...
Tzolk'in no es un juego bien ambientado, sino más bien una mecánica curiosa con un tema que se aprovecha del morbo del fin del mundo y su puñetera madre. Y encima, vas y pones en la portada una pedrola azteca...
Ojo, que es muy buen juego, y además me ha servido como excusa para contaros este pequeño peñazo, así que os recomiendo que le deis al menos una oportunidad.
Un saludo!





















