El viernes tuve la ocasión de repetir al República de Roma, con el mazo de la República Media, y además echamos dos juegos bastante apañados como son High Frontier y Die Macher.
Lo primero que jugamos fue el High Frontier, un juego de Phil Eklund de conquistar el Sistema Solar.
Lo cierto es que el juego me gustó bastante, y rebosa tema por todos lados, pero tiene unas cuantas cosillas que podrían mejorarse desde mi punto de vista. Por lo pronto, es un juego lento. Lentísimo. Te hace falta agua para todo, y básicamente, puedes conseguir 1 tanque de agua por turno. Claro, cuando te hacen falta 14 tanques para mandar un cohete, eso significan 14 turnos esperando a llenarlo.
Por otro lado, una vez lo has lanzado, para prospectar los sitios de aterrizaje hay que tirar el dadito dichoso y si resulta que tienes mala suerte, pues has tirado 14 turnos a la basura. También hay ciertos puntos por los que al pasar tienes que tirar el dado, y con un 1 revienta el cohete.
Resumiendo, que me gustó, pero que me parece que hay algunas cosas que habría que sacrificar de cara a hacerlo más jugable, aunque quizás menos realista. Y por supuesto si le restamos realismo, siempre podemos introducir la expansión E.T.:
También jugamos, como decía al principio, al Die Macher, un juego que ya tuve ocasión de probar anteriormente y aunque me gustó mucho, hubo algunos puntos que no me terminaron de convencer. En esta ocasión, me volvió a pasar lo mismo.
Las encuestas son incontrolables, al no saber lo que estás comprando. Vale, sí, las compras para asegurarte de que no te hacen la puñeta, pero si tienes la suerte de que te sale una carta en la que te subes tú y le bajas a otro, pues lo mismo te llevas una elección, mientras que otro jugador con la misma jugada (comprar una encuesta) saca mucho menos beneficio.
Otra cosa son las cartas de Gabinete de las Sombras, que aunque es cierto que puedes controlar quien juega la suya antes, te puedes encontrar con palos demasiado gordos así repentinamente, como que te bajen un -4 en la popularidad.
Resumiendo, Die Macher es un juego de planificación a largo plazo, pero en el que repentinamente puedes pasar de liderar una elección a palmarla del todo. Demasiado repentinamente para mi gusto.
Y he aquí la incongruencia de todo este post, ya que entre medio de estos dos juegos, en los que he dicho que no me gusta que de repente te puedas ir al carajo a causa de motivos varios, echamos un República de Roma, el juego por excelencia en el que te puedes ir al carajo de forma repentina gracias a su maravillosa bolsa. Sin embargo al República de Roma al contrario que los otros dos, no le puedo poner ninguna pega.
¿Cuál es la razón de esta incongruencia? Pues en primer lugar, respecto a Die Macher, tengo claro que la temática es un elemento importantísimo. Jugar al Die Macher no me transmite nada, mientras que cuando juego al República de Roma, tengo la sensación de revivir la Historia de Roma, las tensiones en el senado y en las guerras exteriores. En República de Roma se respira ambientación por todas partes, y es un juego de política auténtico, mientras que Die Macher se queda en un juego de estrategia como otro cualquiera.
Respecto al High Frontier el caso es diferente, ya que en este también se respira temática, pero por un lado, me atrae menos que la de Roma, y por otro lado, es un tipo de juego diferente, en el que tienes que planificar, calcular el combustible que necesitará un cohete para llegar a Marte, etc. Y después de tanto calcular, te encuentras con que revienta el cohete o no hay recursos en el planeta. En el República de Roma no se trata de calcular, sino de conspirar; de comerle el tarro al de al lado e intentar hacer fuerte a tu facción al tiempo que debilitas al resto (a ser posible, sin que se den cuenta). El espíritu de ambos juegos es completamente diferente.
Dejando ya las comparaciones, he de decir que jugamos con el mazo de la República Media, y el juego terminó de maravillarme, ya que cambia por completo respecto a la República Temprana. En esta última, las guerras son las preocupación principal, no hay más remedio que ir a saco contra los cartagineses, y el peligro de que reviente la República es muy real.
En esta "segunda parte", las cosas cambian muchísimo. Entran las provincias en juego directamente, y las guerras no son una amenaza real para Roma, por lo que no son una prioridad. Aquí lo ideal no es derrotar las guerras, sino que los generales no vuelvan vivos de ellas. Un senador con alta popularidad se vuelve prácticamente inmune a los juicios, y eso es algo muy peligroso, así que no es recomendable que los generales regresen victoriosos.
Y una vez más, me disculpan ustedes que sólo hable del República de Roma, pero es que básicamente, es a lo único que juego en los últimos tiempos.
Saludos!