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jueves, 7 de febrero de 2013

51st State: Inside

20 años han pasado desde las primeras bombas. 20 años desde que la raza humana casi se extinguió a sí misma. 20 años desde que empezamos a sobrevivir. Lo cierto es que, a pesar de todo, nunca estuvimos demasiado mal. Nuestra pequeña cantera no se había visto muy afectada, y entre eso y los escombros del pueblo podíamos comerciar con cada grupo que llegaba en busca de recursos. Sobrevivíamos, que no es poco. Hasta que llegaron ellos...


La "Hegemonía".

Era el nombre que ellos mismos se habían puesto. Un grupo de delincuentes y criminales sin demasiados escrúpulos. Aunque, siendo claros, a esas alturas no quedaba nadie en el mundo con demasiados escrúpulos. Un día llegaron, y dijeron que estarían encantados de que nuestro pequeño pueblo formase parte de su territorio. Nadie dijo cuál eran las opciones si decidíamos seguir siendo independientes. No hizo falta que nadie lo dijese. Aceptamos. Unas cervezas después (las últimas de nuestras mermadas reservas), ya éramos parte de la Hegemonía. Después de todo, podría haber sido mucho peor; del este llegaban noticias sobre una agrupación de mutantes que arrasaba todo aquello que encontraba a su paso... formar parte de la Hegemonía, después de todo, nos garantizaba cierta protección.


Algunos se quedaron en el pueblo y continuaron con el negocio de los escombros; otros, nos unimos a ellos plenamente y viajamos por todo el estado. Nos sorprendimos al conocer a otros miembros del grupo. Las armas y toda la parafernalia no eran más que una estrategia; a la hora de la verdad, rara vez asaltábamos a otro grupo o utilizábamos métodos agresivos. No había criminales allí, tan solo gente desesperada forzada a sobrevivir. Nuestro mismo líder, un sureño que se hacía llamar Mike Highway, había sido profesor,  y tenía un extraño sentido de la justicia.


Así, durante cerca de un año extendimos la influencia de la Hegemonía por todo el antiguo estado de Utah. Construimos carreteras y vías de tren, siempre en busca de nuevos recursos, gracias en parte a la información que nos proporcionaban varias tabernas de la zona. Oficialmente, no eran parte de la Hegemonía; si lo hubiesen sido, todo el mundo hubiese cuidado mucho más sus lenguas en aquel lugar. No hubiese sido bueno para el negocio.


Todo iba bien... hasta que dejo de ir bien. Los recursos se agotaban, y cada vez teníamos que movernos más y más lejos. Gastábamos demasiada gasolina sin obtener prácticamente nada a cambio. Dentro del grupo se palpaba el descontento, y Mike parecía no ser capaz de hacer nada.


Entonces, llegó ella.

Recuerdo cuando volvió de aquella expedición, vacía de manos, como siempre, aunque diciendo haber descubierto otro grupo organizado, que se negó en redondo a tratar con nosotros. Recuerdo los largos debates sobre qué debíamos hacer. Recuerdo como la cabeza de Mike Highway se partió en mil pedazos bajo la fuerza de un bate de béisbol. Recuerdo como ella se convirtió en nuestro nuevo líder. Recuerdo como las cosas comenzaron a cambiar.


Con la información que nos trajó, comenzamos a organizar el ataque. Comenzamos a reparar y preparar todas las armas que estaban en nuestro poder, y al cabo de apenas un mes librábamos una guerra abierta contra todo el que se ponía en nuestro camino. Hacíamos prisioneros para que trabajasen en nuestras fábricas. Nos hacíamos con los recursos valiosos y arrasábamos el resto. Con el tiempo, comenzamos a arrasar nuestro propio territorio para obtener los recursos necesarios para la guerra.


Mike soñaba con volver a los viejos tiempos, a antes de la guerra. Soñaba con crear un nuevo estado, sobre un territorio fijo, pero no se dio cuenta de que eso ya no era posible. El mundo está muerto, y la única forma de no morir con él es adaptarse a cada momento. Si te estancas, estás muerto. Ahora mismo estamos asentados cerca de la antigua Salt Lake City, aunque no durará mucho. Tan sólo el tiempo de agotar los recursos de la zona y seguir moviéndonos.

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